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sábado, 19 de septiembre de 2015

Mi fortaleza.

¿Qué queda cuando dentro ya no queda nada?
Solo unas ganas desgarradoras de echar cadenas en las puertas
y lanzar la llave al río.

¿Qué me queda hoy que no siento nada?
Vacío.

Encerrarme a oscuras con mi dolor
y discutir a ciegas,
¿por qué aún vive en mí,
 y por qué me destruyó?

Convertirme en rehén de la soledad.
Aislarme y correr a esconderme
en la lástima que yo misma me inspiro.

Y quedarme viviendo aquí dentro,
porque con cada derrota,
poco a poco me fui construyendo un castillo.

Camino por los pasillos arrastrando las penas.
Saludando unos a uno los fantasmas del recuerdo.

Y me permito reírme,
porque el pasado no existe.
Pero revive cada vez que cierro los ojos,
gritando que aún es su turno de reírse.

No espero un caballero que venga a batirse
con el dragón que me atromenta.
Las armas para hacerlo las tenía yo,
y preferí esconderlas.

Porque patético o no,
hoy prefiero mil veces,
quedarme recluida en mi fortaleza.



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sábado, 12 de septiembre de 2015

(Intento de) Despedida a un amante intermitente.

¡Que equivocado estás! No podrías estar más lejos de la realidad. No me voy porque haya alguien más, eso ya lo sabía desde el inicio de este desacierto que fuimos nosotros. De esto que un día fue un feliz desliz.

Sí, ya advertía la presencia de las otras. Vas de una a otra pregonando sentirte insatisfecho, cuando tus requisitos son absurdos y ambiciosos hasta el cansancio. Y ni siquiera llegas a acercarte al requerimiento mínimo de lo que es ser un hombre. No, no me voy por las otras. Pero sí me voy porque en esta confusión eramos tres: tú, tu ego y yo. Y esa, es una batalla de nunca ganar.

Y pensar que todo empezó tan fantásticamente. Tú, el terrible seductor, fascinante y misterioso, poniendo electricidad en todo mi cuerpo con solo tocar mis manos con la punta de tus dedos. Inventando  en mi cuerpo ese terror hipnótico que sube al pecho, acelera los latidos y crea un desierto en los labios que solo calma otra boca. Ese anhelo, ese miedo...

Hubo fuego, pasión llena de tormento, no lo niego.

Pero ese proceder enigmático que un día me atrapó se tornó en aburrimiento. No es fácil contar todo lo que te corre dentro a alguien que todo lo guarda con llave. Y yo amor, por más que lo he intentado, no soy mujer de conversaciones triviales. Si seduces con tu retórica, no es posible que ahora el silencio por siempre te calle.

Me voy, porque las cosas -y menos los sentimientos- deben ser forzadas. Y hay que saber rendirse y retirarse cuando ya no queda nada.