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sábado, 9 de abril de 2016

Maldito abril

Un día despertó y todo le pareció extraño, todo estaba cambiado. Como quien sale de coma y queda con los residuos de la amnesia. Viendo todo con nuevos ojos, pero con el horror de quien presencia una pesadilla.

Su corazón estaba destrozado en una infinidad de pedazos. Algunas partes no lograría encontrarlas jamás. Incompleto, cansado de luchar, intentar y sufrir era el estado de su corazón. No quería desperdiciar más lágrimas, no valía ya la pena. Aunque de pronto le asediaba la angustia y se mojaba su rostro.

Porque al mirar al pasado comprendía, que es cierto que no hay nada más triste que un recuerdo feliz. Y de miles de ellos estaban llenas sus manos y uno a uno se escurrían y se rompían al caer, arrancando cada vez un nuevo llanto.

                                                                         ***

Él sostuvo su mano en un intento de detenerla, y se estremeció al sentir la frialdad que había en ella, la calidez que un día le diera el amor la había abandonado para siempre. Sabía que nada que pudiera decir la haría quedarse. Y así, sin articular una palabra, su mirada habló por él.

Pero ella se debatía entre dos caminos llenos por igual de dolor. Dolía perderlo todo, sin esperanzas de reconstruir de entre los escombros, lo que quedó del desastre. Nunca nada sería igual, jamás. Y es que para ella, cerrar una herida abierta por segunda vez era imposible. Confundida entre quedarse ahogada en el dolor o partir hacía un destino desconocido por el camino de la incertidumbre.

Por última vez, y simultáneamente, sintió como él apretó su mano y sintió su corazón así mismo apretarse de dolor.

Dejando atrás todo lo que le pertenecía -o que alguna vez creyó tener- con la mano que tenía libre terminó de abrir la puerta. Soltó la mano suplicante de él y dejó caer la última lágrima que le dedicaría.

Y al irse, como respuesta a todo él solo la escuchó susurrar:

—Maldito abril.