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lunes, 8 de febrero de 2016

Al borde

Fuiste esa maravilla que me hizo vulnerable a la gravedad.
Fuiste.
Me elevaste al espacio,
y después, sin piedad,
me arrojaste al centro ardiente de la Tierra.

Y ahora llevamos tanto tiempo sentados al borde del abismo,
de frente y mirándonos a los ojos;
con la esperanza de reconocer detrás de nuestras miradas
eso que nos hacía invencibles.

Fuimos dos almas eternas
que venían encontrándose vida tras vida,
y que ahora se han olvidado.
Dos extraños.

Eras magia, un ser indescriptible.
El lado bueno de la vida,
rozar el paraíso con los dedos.
Mi serendipia.

Pero hoy todo es basura.
Me has vuelto del amor una atea.
Escéptica de esas historias que se pintan perfectas.

Ni soy feliz, ni puedo dejarte ir.
La historia se me complica; por soberbia, por egoísta.
Por no estar preparada para verte colgado de otras manos,
ni en otra boca.

Seguimos sentados al borde,
mirándonos sin saber que el dolor a veces se disfraza de orgullo.
Desconociendo cual se lanzará primero:
el mío o el tuyo.

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