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miércoles, 7 de octubre de 2015

Soliloquio de Madrugada

Vacíos que van llenando el alma,
soledad que te acorrala,
tristeza que no paga renta pero se instala.
Te van secando, dejándote sin rumbo,
sin sueños y sin ganas.

Abres los ojos un día a la vida nimia,
y es solo una mañana más, una cuesta más arriba.
Y levitas sobre las horas, sin faro ni puerto, a la deriva.

Inmune e indiferente ya a los bellos atardeceres,
solo derramas los minutos hasta que muera el sol,
y la noche sobre ti caiga,
para deambular a solas contigo
en otra eterna madrugada.

Atrapar con tus manos rotas y cansadas cada lágrima.
Cerrar el océano de tu mirada, escarbando en lo profundo;
y por millonésima vez preguntarte:
¿En qué momento se acabó eso que pensé que era la jodida magia?

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