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viernes, 16 de enero de 2015

Polvo en el Viento

Con la cara contra el colchón estoy, cuando siento como mi cuerpo empieza a elevarse desafiando la gravedad. El terror en mi cara es una obra de arte. Me muevo frenéticamente, arañando el aire tratando de descender y volver a tocar la superficie del colchón. Pero mientras más lo intento más me elevo, ya casi a ras del techo.

   "Todo está bien" me digo queriendo calmarme mediante el autoengaño. ¡Sabiendo que no está bien! Porque ¿Quién ha visto con sus ojos un cuerpo terrestre flotando en el aire como si nada? Pero el engaño va surtiendo efecto, como tantas veces, aunque temporalmente. Y es como si mientras más acepto mi nueva condición flotante más logro dominarla.

¡Es eso, lo sé! Tanto que quiero darle la espalda y negarlo. Que me desborda la cabeza de ideas ridiculas y pensamientos inútiles cada noche. Es eso, lo presiento. Nada puede tener este efecto.

Satura mi sistema haciéndome estallar. Ahora soy sólo millones de fragmentos flotantes.

¿Y ahora qué hago? ¿Me atrevo a romper más leyes y viajar en el espacio y el tiempo? Ahora soy sólo polvo, puedo hacer lo que quiera.

Visito recuerdos en blanco y negro, incluso aquellos que quise y nunca viví. Soy libre de estar en todos los lugares que quiero al mismo tiempo, conocer paisajes que nunca ví, atardeceres que me perdí, momentos que me robaron...

¿Y qué si ahora soy sólo millones de átomos meciéndose en el viento?
Ahora puedo rehacerme, el mismo cuerpo, cambiándolo todo por dentro.
¿Y qué si ahora soy sólo polvo?
Era la única forma de aligerar mi carga, destruir estos sentimientos.


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