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miércoles, 7 de octubre de 2015

Soliloquio de Madrugada

Vacíos que van llenando el alma,
soledad que te acorrala,
tristeza que no paga renta pero se instala.
Te van secando, dejándote sin rumbo,
sin sueños y sin ganas.

Abres los ojos un día a la vida nimia,
y es solo una mañana más, una cuesta más arriba.
Y levitas sobre las horas, sin faro ni puerto, a la deriva.

Inmune e indiferente ya a los bellos atardeceres,
solo derramas los minutos hasta que muera el sol,
y la noche sobre ti caiga,
para deambular a solas contigo
en otra eterna madrugada.

Atrapar con tus manos rotas y cansadas cada lágrima.
Cerrar el océano de tu mirada, escarbando en lo profundo;
y por millonésima vez preguntarte:
¿En qué momento se acabó eso que pensé que era la jodida magia?

sábado, 19 de septiembre de 2015

Mi fortaleza.

¿Qué queda cuando dentro ya no queda nada?
Solo unas ganas desgarradoras de echar cadenas en las puertas
y lanzar la llave al río.

¿Qué me queda hoy que no siento nada?
Vacío.

Encerrarme a oscuras con mi dolor
y discutir a ciegas,
¿por qué aún vive en mí,
 y por qué me destruyó?

Convertirme en rehén de la soledad.
Aislarme y correr a esconderme
en la lástima que yo misma me inspiro.

Y quedarme viviendo aquí dentro,
porque con cada derrota,
poco a poco me fui construyendo un castillo.

Camino por los pasillos arrastrando las penas.
Saludando unos a uno los fantasmas del recuerdo.

Y me permito reírme,
porque el pasado no existe.
Pero revive cada vez que cierro los ojos,
gritando que aún es su turno de reírse.

No espero un caballero que venga a batirse
con el dragón que me atromenta.
Las armas para hacerlo las tenía yo,
y preferí esconderlas.

Porque patético o no,
hoy prefiero mil veces,
quedarme recluida en mi fortaleza.



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sábado, 12 de septiembre de 2015

(Intento de) Despedida a un amante intermitente.

¡Que equivocado estás! No podrías estar más lejos de la realidad. No me voy porque haya alguien más, eso ya lo sabía desde el inicio de este desacierto que fuimos nosotros. De esto que un día fue un feliz desliz.

Sí, ya advertía la presencia de las otras. Vas de una a otra pregonando sentirte insatisfecho, cuando tus requisitos son absurdos y ambiciosos hasta el cansancio. Y ni siquiera llegas a acercarte al requerimiento mínimo de lo que es ser un hombre. No, no me voy por las otras. Pero sí me voy porque en esta confusión eramos tres: tú, tu ego y yo. Y esa, es una batalla de nunca ganar.

Y pensar que todo empezó tan fantásticamente. Tú, el terrible seductor, fascinante y misterioso, poniendo electricidad en todo mi cuerpo con solo tocar mis manos con la punta de tus dedos. Inventando  en mi cuerpo ese terror hipnótico que sube al pecho, acelera los latidos y crea un desierto en los labios que solo calma otra boca. Ese anhelo, ese miedo...

Hubo fuego, pasión llena de tormento, no lo niego.

Pero ese proceder enigmático que un día me atrapó se tornó en aburrimiento. No es fácil contar todo lo que te corre dentro a alguien que todo lo guarda con llave. Y yo amor, por más que lo he intentado, no soy mujer de conversaciones triviales. Si seduces con tu retórica, no es posible que ahora el silencio por siempre te calle.

Me voy, porque las cosas -y menos los sentimientos- deben ser forzadas. Y hay que saber rendirse y retirarse cuando ya no queda nada.

domingo, 30 de agosto de 2015

Y ahora vete amor

Y ahora vete amor,
y llévate todas las promesas que hiciste un día.
Están al lado de la puerta empacadas,
hace tiempo que las saqué de la habitación.
Esa donde un día hubo fuego
y hoy es un glaciar ese viejo colchón.

sábado, 27 de junio de 2015

Licántropa Fugitiva

No la busques más.
Que esa alma dócil que hoy reclamas,
es una sombra del ayer.
Desde esa turbia noche
en que tiraste sus sentimientos
por la ventana de un quinto piso,
empezó a desvanecerse.

Y con cada luna,
fue transformándose en esa loba
que en aquel ¨erase una vez¨,
se lamía las heridas.
Y hoy te aterra,
cada vez que muestra los colmillos
de la verdad cruda y brutal.

¿Qué esperabas?
¿O es que acaso no sabes por qué los corazones son fríos?
Porque terminan cubiertos del más gélido metal,
ese que tú mismo pusiste a mis pies.
Y aprendí a usarlo,
a saber hasta donde te dejo pasar,
y a donde ya no entras más.

Así que no la busques más.
Que por la misma ventana saltó y desapareció.
Y esa que fui, y esta que hoy soy,
-que crees que frente a ti está-,
ninguna te pertenece ya.

viernes, 5 de junio de 2015

Dama Invisible

Y desciendo de nuevo a ese lugar,
dónde explotan en el aire las palabras,
búscando expresar eso que pienso en el silencio.

Muchos la conocen como Melancolía o Tristeza.
Decido al menos por hoy,
llamarle Inspiración a esa que me acompaña
y mis lágrimas besa.

miércoles, 3 de junio de 2015

Micro - Propuesta

Incéndiame las sabanas con tu cuerpo.
Bésame, llueve en mi desierto.
Rapta mi atención con la certeza de tu misterio.

viernes, 29 de mayo de 2015

Confesiones de un noctámbulo

Te asediaba en esos momentos,
tan míos, tan nuestros.
Dormías tan libre, sin poses.
Tu belleza era etérea,
incluso cuando tus heridas reales
se colaban en tus sueños.
Y sollozabas dormida un segundo,
aferrándote a la almohada
como un náufrago a la deriva.
Te observaba en silencio,
memorizando cada instante de tu cuerpo.
Pero era efímero mi placer,
la llegada de la aurora te robaba.
despertabas y dejabas de ser tan mía,
para volver a ser tuya.

domingo, 12 de abril de 2015

A oscuras

Soy inexacta, impredecible.
Habrá veces que de ti huya.
Mas en medio de la noche,
cuando el brillo de tus ojos 
es lo único visible...
No lo dudes amor,
soy tuya.

domingo, 15 de marzo de 2015

Celda Intangible

El alma golpea las paredes,
queriendo escapar, ser libre.
Como un globo que  se liberó
de la mano de alguien
y ahora vaga en el cielo, a la deriva.
Ya sin dueño.

Noches que a pesar del cansancio,
el insomnio te deja
sin encontrarte con el sueño.
Para huir al menos así de la realidad.
Y perderte en ese mundo etéreo,
dónde a ojos cerrados,
puedes vivir todo aquello
que no alcanzas despierto.

Lo sientes, cuando estiras los dedos,
tratando de atrapar algo más.
Te refugias en tu mente,
Habitando su soledad.

Te miran y no lo saben.
La procesión va por dentro.
Caminas sin parecer cautivo,
solo tú conoces tu invisible encierro.



viernes, 27 de febrero de 2015

Vicio

Casi seguro que no es amor, 
eres un vicio.
No das descanso, 
tus memorias en mi mente 
torturan como el peor suplicio.

Pero a ti igual te da.
Creas esta esclavitud
y de las llaves que pueden liberarme, 
no existe el menor indicio. 

viernes, 16 de enero de 2015

Polvo en el Viento

Con la cara contra el colchón estoy, cuando siento como mi cuerpo empieza a elevarse desafiando la gravedad. El terror en mi cara es una obra de arte. Me muevo frenéticamente, arañando el aire tratando de descender y volver a tocar la superficie del colchón. Pero mientras más lo intento más me elevo, ya casi a ras del techo.

   "Todo está bien" me digo queriendo calmarme mediante el autoengaño. ¡Sabiendo que no está bien! Porque ¿Quién ha visto con sus ojos un cuerpo terrestre flotando en el aire como si nada? Pero el engaño va surtiendo efecto, como tantas veces, aunque temporalmente. Y es como si mientras más acepto mi nueva condición flotante más logro dominarla.

¡Es eso, lo sé! Tanto que quiero darle la espalda y negarlo. Que me desborda la cabeza de ideas ridiculas y pensamientos inútiles cada noche. Es eso, lo presiento. Nada puede tener este efecto.

Satura mi sistema haciéndome estallar. Ahora soy sólo millones de fragmentos flotantes.

¿Y ahora qué hago? ¿Me atrevo a romper más leyes y viajar en el espacio y el tiempo? Ahora soy sólo polvo, puedo hacer lo que quiera.

Visito recuerdos en blanco y negro, incluso aquellos que quise y nunca viví. Soy libre de estar en todos los lugares que quiero al mismo tiempo, conocer paisajes que nunca ví, atardeceres que me perdí, momentos que me robaron...

¿Y qué si ahora soy sólo millones de átomos meciéndose en el viento?
Ahora puedo rehacerme, el mismo cuerpo, cambiándolo todo por dentro.
¿Y qué si ahora soy sólo polvo?
Era la única forma de aligerar mi carga, destruir estos sentimientos.


sábado, 3 de enero de 2015

Serendipia

Casi siempre coincidíamos en el café, no en el de la esquina que tenía música alta, conexión wi-fi y el ruido constante de la charla colectiva. No en ese café. Íbamos a aquel café oscuro, ajeno a la tecnología, donde a un volumen casi imperceptible sonaban esas canciones de la época en la que mis abuelos decidieron enamorarse.

Por eso iba a ese café, en el que las únicas conversaciones eran para pedir lo que querías tomar o pagar la cuenta. Iba para olvidarme de mi y mis circunstancias, sumergirme en la tibieza dulce del café y flotar en las notas y letras de las canciones.

Así era hasta ese primer día que lo vi. Ya ni siquiera recuerdo los temas de nuestra primera conversación, sólo sé que fueron muchos, saltamos de uno a otro, hablando por horas. Haciéndome olvidar que era hora de irme y que debía estar en otro lugar.

Fue una conexión poderosa e instantánea y la encontré sin esperarla ni buscarla.

No hay una etiqueta en la que encajaramos a la perfección, eramos más que amigos pero no eramos nada más. Todo y nada. Nunca concertamos una cita, solo nos encontrábamos. Nunca hablamos de sentimientos, aunque yo los tenía y sabía que él también. Y pienso que era mejor así, desde que ponemos ataduras surge el deseo de escapar.

Eramos sólo dos, que abrían su mente al otro, contándose sus problemas, miedos y secretos, inconfesables al resto del mundo. Comunicándonos a veces con el roce furtivo de una mano o con miradas que iban cargándose peligrosamente de deseo. Siempre con el miedo de dar un paso en falso y arruinarlo todo.

Existió siempre entre nosotros el acuerdo implícito de mantener la situación así, que la magia se limitara a existir dentro de las cuatro paredes del café.

Dos islas separadas por el inmenso mar de una vieja mesa. Sin más expectativas que esos días en los que la similitud de nuestros horarios nos reunía, haciéndonos coincidir.

Fue después de meses sin verlo que comprendí que quizá no volvería...

Nuestro deseo de mantener todo simple nos frenó siempre de intercambiar teléfonos. Al final eso era lo que nos gustaba, la serendipia, esa sorpresa de encontrarnos sin esperarnos, de coincidir en los días que más nos necesitábamos.

Era mi escape de lo cotidiano y aburrido de mi existencia.

Me bastaba  me llenaba, pero justo ahora yo quería algo más y se había ido. Y con un nombre sin apellido es poco lo que se puede encontrar.

Sigo viviendo al café, perdiéndome como siempre en la música, con la única diferencia de que ahora las tazas se enfrían en mis manos, esperando que me sorprenda entrando por la puerta una vez más.